26 agosto 2015

SORPRESAS DEL PASO POST NUPCIAL

En estas últimas semanas, en las que las condiciones meteorológicas han fluctuado, recibiendo las primeras lluvias y tormentas de verano y con bajadas notables de temperatura, me he acercado al Azud de Riolobos que ya ha sido anteriormente protagonista de algunas entradas de este espacio. 

Este pequeño embalse, diseñado para el almacenamiento de agua con el que abastecer los cultivos de regadío colindantes, es hoy día, pese a la decadencia propia del lugar debido al mal uso y mantenimiento del mismo  (no recibe ningún aporte de agua desde hace más de un año) un paraíso para un buen número de especies, ya sean sedentarias o migratorias que en sus largas singladuras y viajes de miles de kilómetros descansan en un pequeño embalse, rodeado por un mar seco, por el mar de campos, que en estas fechas es prácticamente un desierto.  

En este campo raso, cosechado, aparentemente sin vida, existen pequeños oasis de vida, dónde se establecen por unos días o incluso horas, ciertas especies en busca del preciado alimento que encuentran cerca de los últimos resquicios húmedos y con pequeñas láminas de agua que quedan aún en el Azud de Riolobos. Es pues, en estos lugares, dónde encontramos una biodiversidad mucho más alta que en los secos alrededores. 
Entre todas las especies que podríamos observar en estos verdaderos oasis, hay un orden de aves, las aves limícolas por las que en estas fechas, sentimos un interés mayor, pues su observación y censo nos muestra, entre otros aspectos, como está siendo el paso post nupcial de estos viajeros.  Para los lectores que se pregunten que son las aves limícolas son aves de pequeño y mediano tamaño que buscan su sustento en los limos de las orillas, mediante una compleja y fina, incluso parece que frágil anatomía con largos tarsos y delgados picos, muchos de ellos con formas especificas dependiendo del alimento del que dependan. 

Sin entrar más profundamente en la vida de estas aves, las observaciones más destacadas en dos días diferentes  a los que acudí al lugar son las siguientes. Nada más llegar, la primera sorpresa alada la protagonizó una juvenil y  bella Garza imperial (Ardea purpurea), cita de interés para la provincia salmantina pues la reproducción de la especie aún no es segura. En este enclave, el Azud de Riolobos, se han constatado diversas citas de ejemplares, sobre todo en migración. 




Este ejemplar joven, permanece en el lugar desde el 23/08/2015, seguramente asociado a la gran cantidad de sustento que encuentra en las aguas.


Junto a ella encontramos algún limícola, como el Andarríos chico de la foto superior y un buen número de Agachadiza común, sobre todo el 23/08/2015 en el que más de 40 aves se alimentaban en la zona junto a cifras menos llamativas de Andarríos chico, Andarríos grande y Andarríos bastardo, algún Archibebe común, Combatiente y un nutrido grupo de Avefría europea con más de 50 individuos. Un pequeño bando de 5 Correlimos comunes, en el que un pequeño Correlimos menudo intentaba pasar desapercibido sin tener en cuenta su desventaja física. 



Correlimos común a la dcha y Correlimos menudo a la izda.



Grupo de Combatientes y dos Andarríos bastardo (los dos de la izda)

Un juvenil de Cigüeñuela común se alimentaba en las orillas de los numerosos insectos.


Combatiente y tres Andarríos bastardos. 


Bando de Archibebe común



Pero aún la gran sorpresa, inesperada, pues es una especie accidental en estas latitudes, la constituyó un bando de 18 jóvenes flamencos comunes que descansaban y que se mostraban demasiado tranquilos y habituados a la presencia humana pues se alimentaban sin prestar atención a los coches y pescadores cercanos. Tres de ellos portaban anillas de PVC y metálica de color blanco con códigos alfa numéricos negros.


Aún sin confirmar por la Estación Biológica de Doñana, es casi seguro, gracias a los proyectos de anillamiento de flamencos con ese tipo de códigos que pertenezcan al proyecto llevado a cabo en la laguna de Fuente de Piedra en Málaga durante esta temporada ya que todos los ejemplares son jóvenes del año y códigos idénticos pero de menor numeración se han utilizado en ese lugar en temporadas anteriores para el marcaje de los pollos en dicha colonia de cría.




Después de saber la procedencia de estas aves totalmente accidentales en la provincia y comunidad autónoma, pues en toda la provincia sólo se tiene registro de 4 citas reflejadas en los anuarios publicados por el grupo local Seo-Salamanca, nos damos cuenta que pese al decadente estado del azud, aún la naturaleza agradece este pequeño gran oasis  con observaciones como estas.

De los 4 registros que se tiene de esta especie en la provincia, solamente uno se ha producido en el Azud de Riolobos, de un único ejemplar en un bando de Espátulas comunes en el año 2005.





Pero aún nos quedan algunas citas no menos importantes e interesantes que la de nuestros amigos los flamencos. Junto a ellos, un pequeño grupo compuesto por 4 Espátulas comunes y 6 Garcetas comunes sobrevolaban la zona.




Durante la observación y lectura de las anillas de los flamencos, dos enormes bandos de Cigüeña blanca en migración con algún  Milano negro agregado a las zancudas. Aproximadamente cada bando contaba con más de 200 individuos.






Por último y para poner más interés en estas dos jornadas, dos bellas Águilas culebreras (un adulto y el joven del  año) y un Aguilucho cenizo melánico despidieron hasta una nueva jornada, las incesantes e importantes observaciones que nos brinda el recién llegado paso post nupcial.


El ejemplar joven del año, mucho más blanco en la zona ventral y el pecho y el adulto que se observa que había depredado un gran ofidio debido al enorme buche que muestra, luce un plumaje más oscuro. Observen como la evolución ha dotado a las diversas especies de largos picos y zancos como los límicolas, de alas fuertes y grandes como las cigüeñas que les permiten volar grandes distancias planeando y como las calzas de las patas del Águila Culebrera están desnudos de plumas para evitar daños de los ofidios.







Con el despegue de esta bella, grande y migratoria rapaz nos despedimos hasta nuevas jornadas repletas de sorpresas.


22 agosto 2015

ALAS DE REINA (3ª PARTE DE LA SERIE "LA SELVA MEDITERRÁNEA")

Después de un pequeño descanso a la sombra del tupido follaje del bosque ribereño, continuamos nuestro recorrido dejando atrás los grandes picachos, las grandes formaciones rocosas, dónde los buitres leonados y los alimoches habían colocado sus nidos. El paisaje se va tornando en una serie de pequeños montes ondulados repletos de bosque mediterráneo en el que además de los alcornoques y las encinas, nos encontramos con pequeños corros de Pino piñonero con sus copas anchas y globosas. Entre las copas, un gran tendido eléctrico ofrece peligrosos posaderos para una preciosa águila culebrera. 



El tendido desaparece al cabo de unos metros y nos encontramos de nuevo en pleno bosque mediterráneo, tupido, cerrado, inexpugnable en el que de pronto nos encontramos con la joya alada de las rapaces ibéricas, con una auténtica reina de nuestros cielos que porta una especial corona en sus hombros. Una de las aves rapaces más escasas de nuestra avifauna, el águila imperial ibérica nos deleita con sus vuelos territoriales, con su llegada al nido y hasta con una cópula, a través de las lentes del telescopio desde el otro lado del río.  (Fotos de archivo realizadas en el parque nacional de Monfragüe) 


Es esta especie, con algo más de 200 parejas un verdadero tesoro a conservar y aún son muchas, aún son demasiadas las águilas imperiales, como otras muchas especies, las que son envenenadas, tiroteadas, o se topan con los cables de peligrosos tendidos eléctricos en nuestros campos, aún son muchos los ejemplares que acaban muertos en nuestros territorios por causas no naturales, por causas producidas por la mano del hombre.
Volvemos a admirar la silueta de la preciosa rapaz, con sus características manchas blancas a lo largo de los hombros, que como si fueran la corona que indica que es la reina del bosque mediterráneo, destaca sobre el marrón oscuro del resto de su cuerpo. Reclama desde las alturas su territorio con su típico "ladrido", expulsa a cualquier otro intruso de sus dominios y aparece y desaparece de delante de nuestros ojos con bellos picados.










Esta preciosa y endémica especie nos despide esta larga serie de la selva mediterránea adentrándose en su nido dónde con suerte durante toda la primavera y verano un fuerte y precioso aguilucho saldrá adelante con el esfuerzo y el cuidado de los adultos, en un viejo alcornoque con las últimas luces de la tarde.


11 agosto 2015

LA SELVA MEDITERRÁNEA (PARTE 2)

Continuación de la anterior entrada, en la que habíamos sido testigos de la vida salvaje que habita, en un día primaveral, el tupido bosque mediterráneo; nos acercábamos poco a poco, entre un abrigo de alcornoques y encinas centenarias a los diferentes cortados rocosos que encajonaban a un bello y calmado río.  
Empezaban los buitres leonados a mirarnos desde sus inexpugnables nidos en los roquedos y desde los picachos, dónde cada vez había menor número de éstos, por que se habían lanzado al espacio, al claro azul cielo en busca del "desayuno", muchas veces a cientos de kilómetros, que les proporciona una res o un animal salvaje muerto. 
Los observamos con su gran envergadura tomando altura, subiendo y subiendo hacia el cielo azul hasta no ser más que una lejana silueta. Uno a uno van desapareciendo de las cumbres de los roquedos, de los farallones y es entonces cuando observamos la vida rupícola, especies que usan la seguridad y tranquilidad de los altos cortados rocosos para reproducirse entre sus grietas y cuevas y que nosotros en todo momento observábamos a una prudente distancia, en el cauce contrario del río. 


Debido al largo período de incubación y desarrollo de un pollo de buitre, nos encontramos a las parejas en diversas etapas de la reproducción, algunos incubando huevos o polluelos pequeños, otros nidos en los que el pollo se encuentra ya solo, y otras parejas que aún están aportando material a la plataforma.



Los últimos ejemplares que aún se encontraban volando relativamente bajo, se agruparon con algunos ejemplares de buitre negro, el gran monarca de los cielos con su enorme envergadura, situación esta que permitió fotografiarlos en vuelo juntos y por tanto ver las diferencias morfológicas entre ambas especies.



Observando el cielo en busca de siluetas diferentes a las de los grandes buitres leonados y negros, pronto una silueta parecida en la forma pero distinta en tamaño y tonalidades se recortó en las alturas. Un blanquinegro Alimoche seguía de cerca a las grandes necrófagas y en pocos segundos pasó por encima de nosotros, perdiéndolo de vista rápidamente.


Revisando el horizonte de una zona más agreste, una de las más bellas águilas de nuestra avifauna, campeaba en busca de alguna presa que llevar a su secreto nido en alguna apartada grieta o cárcava. Muy a lo lejos, sólo se pudo obtener una foto testimonial de este bello adulto de Águila perdicera.


Dejamos de mirar el adornado cielo, con las grandes y bellas aves rapaces, al que volveremos más adelante, por que nos acercamos a la orilla del río, en el que un pequeño bosque de ribera compuesto por fresnos, algún chopo, aliso y algún saúco, mitiga los estragos del calor. Es aquí, donde nos centramos en buscar la fauna entre la bella y verde vegetación.  Entre las ramas de un tupido fresno, casi en completa oscuridad y totalmente inmóvil, puesto que es un ave crepuscular, sorprendemos a un bello martinete, pequeña garza de tonos grisáceos.


Junto a diversos pájaros de soto  ribereño como el cuco y el martín pescador, la rapaz con la que comenzamos este recorrido, el milano negro, pone un punto y seguido hasta la siguiente y última entrada de esta serie, ofreciéndonos la belleza de su técnica de caza sobre un pequeño pececillo que con una gran precisión y rapidez es capturado de las calmadas aguas. Observen como en la secuencia de fotos, en primer lugar el milano rastrea, campea la zona de caza, en este caso el agua, en busca de un pez moribundo o un pez que en ese momento sube a alimentarse de algún mosquito a la superficie. En ese momento, mediante el giro de su ahorquillada cola, que como vimos en la anterior entrada el milano real usó para capturar al reptil , se deja caer plegando las alas en un corto picado para segundos antes de llegar a capturar al pez adoptar la postura planeando levemente con sus alas y con las calzas y garras por delante. Una vez capturado el pez, lo agarra con una de sus garras y con una increíble habilidad se lo lleva hasta el pico. Terminada la captura y una vez engullido el pez, en la última foto de la secuencia se ve claramente como usa la membrana nictitante de sus ojos para eliminar cualquier impureza, cualquier escama, polvo o gota de agua que haya podido entrar en sus ojos.










Con las acrobacias de este  protagonista estival, el milano negro, seguiremos descubriendo en la tercera parte a los pequeños habitantes estivales y a dos de nuestras joyas aladas de las rapaces ibéricas. Como despedida, esta bella instantánea compuesta por dos grandes boeing 747 de nuestros cielos.





05 agosto 2015

¿CÓMO ES UN DÍA EN LA SELVA MEDITERRÁNEA? PARTE 1

Gracias a las últimas salidas al campo y observaciones que he llevado a lo largo de estos últimos meses en diversas partes de nuestra geografía, re emprenderé la continuidad en este espacio mediante una serie de entradas, cuyo argumento será el día a día de uno de nuestros montes y bosques adehesados en la estación primaveral. En él seremos un espectador de todo cuánto habita este rico y diverso biotopo que es el ecosistema mediterráneo transformado por el pastoreo y la mano del hombre. 

Llegamos al comienzo de nuestra dehesa, aquí el arbolado aún está muy disperso, alternándose con algunos campos de labranza. Es en estos campos dónde encontramos agazapadas entre los altos y aún verdes cultivos algunas de nuestras aves esteparias como la avutarda, el alcaraván y la bella perdiz roja, que en las fechas primaverales comienzan a realizar sus puestas. Algunos pequeños pájaros encuentran en las lindes de los cultivos y el bosque adehesado, el lugar idóneo  para delimitar sus territorios mediante sus fuertes y bonitos trinos. Un bello macho de pinzón vulgar es el que en esta ocasión nos deleita con su canto territorial, mientras el otro miembro de la pareja incuba los huevecillos en un pequeño, perfecto y adornado nido que cuelga en la horquilla de una rama.


Bajo el canto del pinzón, una perdiz roja sale de su encame a la carrera, al descubrir en el cielo a un milano negro que se muestra curioso en busca de algún animalillo despistado.


Seguimos el vuelo del milano negro que se adentra hacia el corazón de la dehesa dónde las viejas encinas podadas mediante la técnica del desmoche, proporcionan amplias sombras, alimento y cobijo al ganado. El arbolado se hace poco a poco cada vez menos disperso y va dejando paso a pequeños carrascos y encinas jóvenes, señal de que en esa zona no hay gran afluencia de ganado. Entre las redondeadas copas de las encinas perdemos de vista a la rapaz. Seguimos nuestro camino hacia el interior de la dehesa y comenzamos a encontrar una zona en la que los robles y las encinas van dando paso al bosque mediterráneo, al olor a jara pringosa, al color de la corteza de los alcornoques y a un sinfín de nuevos habitantes recién llegados de sus cuarteles de invernada en África. En primavera el paisaje que nos ofrece este rico ecosistema es impresionante, por que allí donde miremos descubriremos vida, desde las pequeñas florecillas que adornan e inundan todo el ambiente con sus esencias, hasta  el cielo adornado con innumerables especies de aves.



De repente, dos sombras se proyectan en el rojo campo de amapolas. Alzamos la mirada y en el cielo descubrimos a nuestro primer gran tesoro migrador, una pareja de Cigüeñas negras que seguramente acaben de llegar de su gran singladura desde el continente africano y como nosotros, una primavera más, quedan fascinadas por la belleza del paisaje, por esas grandes y voluminosas copas donde otro año más sacarán adelante a su prole.


Se dirigen hacia el cauce de un pequeño riachuelo donde encontrarán su alimento para recuperar las fuerzas después de tan largo viaje. Por un momento, un pequeño ruido entre el espeso y tupido conjunto de jaras y escobas nos hace olvidarnos de la lejana pareja de zancudas que se pierden en el horizonte. Después de esperar, y alejarse unos metros de dónde había sonado el ruido, descubrimos al autor, que a primera hora de la mañana necesita los fuertes rayos del sol para activarse y poder alimentarse de sus presas. Sale el bonito, el colorido y gran reptil a tomar el sol a la pista por la que nos encontramos sin percatarnos de que ambos estamos siendo observados por un tercer protagonista que pondrá una nota dramática en la mañana primaveral.  Alejados a unas decenas de metros, comenzamos a ver las preciosas y coloridas escamas de este animal del mayor lagarto de la península ibérica, de un viejo y gran lagarto ocelado que tantas y tantas primaveras habrá orado al sol en busca de la energía de sus rayos para calentarse y comenzar su actividad.




Mientras el lagarto ocelado tomaba el sol y un servidor estaba absorto observando cada una de sus brillantes escamas por el visor de la cámara, de repente el tercer protagonista que seguramente estaba oteando desde la altura o desde un árbol cercano en busca de alguna presa se abalanzó sobre nuestro amigo el lagarto para llevárselo con el a las alturas. Un bello milano real, especie que está catalogada como en peligro de extinción, en cuestión de décimas de segundos y gracias a la agilidad que le proporciona la anatomía de su cuerpo, con esa característica cola ahorquillada que le sirve de timón para hacer esos rápidos virajes, había capturado un gran lagarto sin que éste se hubiera percatado de su presencia.



Antes de seguir narrando el día a día primaveral de uno de estos enclaves, de una de nuestras selvas mediterráneas, quisiera dejar claro a los lectores que puedan sentir cierta pena por nuestro amigo el lagarto ocelado, o incluso odio por el milano real, que el milano caza por que tiene que alimentarse y que en esta época el milano real no solo caza para si mismo si no para los polluelos que tiene en el nido que ha construido anteriormente. Además hacerles saber que como todas las demás aves rapaces está prohibido su caza, envenenamiento, captura y expolio de sus nidos y que de no ser por que aún en algunas zonas quedan lagartos ocelados y multitud de roedores que son la pieza básica junto con la carroña de la alimentación de nuestros milanos reales, aves como el milano real o el águila calzada que suele cazar más frecuentemente este tipo de lacértidos, no podríamos quedar fascinados con el juego de la depredación que fue el argumento de la anterior entrada.


Continuamos hasta llegar a un pequeño claro, donde las retamas están más dispersas y empiezan a brotar pequeñas jaras. Encamada, usando su pelaje pardo como estrategia para pasar desapercibida a los depredadores encontramos una liebre ibérica que al detectarnos decide levantarse y esconderse entre los arbustos a toda prisa.


El paisaje se va tornando más rocoso, empinado y a lo lejos se ven algunos cortados rocosos que cercan el curso de un río. Mirando con nuestros prismáticos observamos en la lejanía a los grandes buitres leonados que a esta hora de la mañana se agolpan en los picachos esperando a lanzarse al vacío en busca de una corriente térmica que les lleve a patrullar en busca de un cadáver. Un poquito más cerca, posado en la rama de una encina encontramos un alcaudón común, pajarillo este que también pasa el invierno en África y que tiene la peculiaridad de tener un pico ganchudo similar al de las aves rapaces pero sin embargo carece de la fuerza prensil y de las garras de estas aves. Sin embargo, el alcaudón común ha desarrollado una manera muy hábil de solventar este problema. Con su fuerte pico, cuando detecta un alacrán, un ratoncito o incluso alguna pequeña lagartija, lo depreda y pronto lo transporta al cercano espino dónde como si de un pincho moruno se tratase lo clava para comenzar a desgarrarlo con su pico ya que es incapaz de sujetarlo con las patas.


Aún con poco calor en el entorno, los buitres permanecen posados en el lejano roquedo, a dónde nos dirigiremos conociendo a nuevos habitantes de nuestra selva mediterránea, objeto de la próxima entrada.

Por último, esta colorida Lavandera boyera nos despide, por ahora, de esta pequeña historia contada por la naturaleza que aún perdura entre las centenarias encinas, robles y alcornoques de nuestros montes que como ejércitos de guerreros, antaño lucharon contra la tala por nuestra parte para sustituirlos por campos de labranza.